ARGENTINA: Sacan del mar delfin y muere

La indignación tiene múltiples aristas. Nace por hechos gravísimos y por otros tantos que resultan, más bien, difíciles de comprender. Algo de esto último aconteció días atrás en las playas de la localidad de Santa Teresita, donde los turistas terminaron por ocasionar la muerte de un pequeño delfín.

Si de tristes historias tiene enormes registros el mundo animal, la de este verano en el partido de La Costa ocupará un lugar insólito.

Todo sucedió cuando un turista decidió sacar del mar a un cetáceo bebé de la especie franciscana, también llamado delfín del Plata (Pontoporia blainvillei). Es un mamífero propio del gran estuario del Río de la Plata y de las costas del océano Atlántico en Sudamérica, siendo la única especie que puede vivir indistintamente en aguas dulces o saladas.

La curiosidad pudo más que la sensatez y decenas de otros turistas comenzaron a rodear al delfín para tocarlo y fotografiarlo, despreocupados por el dato más elemental posible al tratarse de un animal marino y entender cuál es su hábitat: el agua.

El resultado, la posterior muerte del animal, que quedó tirado en la arena luego de sufrir la involución humana. Con una expectativa de vida de 20 años, los delfines mueren por ataques de orcas o tiburones. En este caso, se les sumó un nuevo enemigo.

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Abundaron en las redes sociales comentarios de repudio sobre el delfín que apareció en Santa Teresita y en vez de ser devuelto inmediatamente al mar, fue sometido a una sesión fotográfica y de intenso manoseo por parte de los presentes. No obstante, sorprende el hecho de que no hubiera nadie en ese lugar y en ese momento para dar la voz de alerta, con o sin conocimiento científico, solo por lógica y sentido común, de que un animal marino tiene que estar en el mar.
Se trataba de un ejemplar de delfín del Plata o franciscana, uno de los delfines más pequeños de Argentina, y el cetáceo más amenazado del Atlántico Sur occidental. La especie sufre una alta mortandad por capturas accidentales en redes de enmalle. En Buenos Aires, se calcula que cerca de 700 ejemplares mueren cada año por este motivo.
Entre los comentarios con recomendaciones en las redes, no faltó quien dijera también “hay que rescatarlo y llevarlo a un acuario”. Lo mismo sucede ante las frecuentes apariciones de otra fauna marina, como por ejemplo lobos marinos, que son motivo frecuente de llamado a los acuarios porque necesitan “ser rescatados”. Son animales marinos, salvajes, y están en su hábitat ya sea descansando, curándose de una herida, o recuperándose del agotamiento, y debemos dejarlos en paz. Como venimos diciendo desde el inicio de nuestra campaña Kachariy en septiembre del año pasado, la fauna marina evolucionó para vivir en el mar, no para entretenernos con piruetas en una pequeña piscina, y aunque suene extraño, ahora debemos agregar que tampoco aparecen en las playas para que los veraneantes se saquen selfies. Otros sugieren “hay que poner carteles informativos”, pero ¿cómo evitamos que sucedan estas cosas cuando hay gente que a pesar de los carteles sigue extrayendo almejas, tirando basura o circulando con vehículos en la playa? Los carteles están pero pocos los leen, y son aún menos los que los respetan.
Ojalá este lamentable hecho sirva para que reemplacemos el desinterés, la ignorancia y la desinformación por la compasión y el respeto hacia la vida en los océanos, de los cuales depende también nuestra propia vida.

 

 

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